El miedo generalizado de expresarse libremente en una sociedad machista refleja una realidad en la que las voces femeninas se ven sistemáticamente silenciadas o deslegitimadas, lo que perpetúa la desigualdad de género. Este temor tiene raíces profundas en la cultura y la estructura social, que históricamente han asignado roles específicos a las mujeres, limitando su participación en la vida política, económica y social.
Según cifras de las Naciones Unidas, la lucha por la igualdad de género sigue siendo un desafío monumental a nivel global. Se estiman 300 años para erradicar el matrimonio infantil, 286 años para cerrar las brechas en la protección legal y eliminar las leyes discriminatorias, 140 años para lograr una representación equitativa de mujeres en posiciones de poder y liderazgo, 24 años para lograr igualdad en los lugares de trabajo y 47 años para alcanzar una representación igualitaria en los parlamentos nacionales. Todas estas proyecciones reflejan la magnitud de la desigualdad y el lento avance hacia una sociedad justa para todas las personas, sin importar su género.
En Colombia, la situación no es diferente. A pesar de los avances normativos y de los discursos progresistas sobre la igualdad de género, las mujeres siguen enfrentando enormes barreras. Colombia es un país estructuralmente machista, donde las mujeres siguen siendo vistas y tratadas como inferiores en muchos aspectos de la vida cotidiana. En el ámbito político, solo el 20 % de los congresistas colombianos son mujeres, y la representación femenina en cargos ejecutivos no supera el 14 %. En 2018, el informe de la Comisión Interinstitucional de la Mujer indicaba que el 70 % de las mujeres que accedieron a altos cargos políticos lo hicieron por «designación» y no por elección popular, lo que demuestra cómo las mujeres siguen siendo una minoría en los espacios de poder, incluso cuando las leyes las favorecen.
Como si no fuera suficiente, los estudios de la Fundación Ford revelan que en Colombia, las mujeres ganan en promedio un 20 % menos que los hombres, aun cuando ocupan el mismo puesto y tienen la misma formación académica. Esta brecha salarial refleja una estructura económica que sigue desfavoreciendo a las mujeres, limitando sus oportunidades de ascender y de alcanzar la autonomía económica.
Otro dato preocupante es la violencia de género. En 2022, la Fiscalía General de la Nación reportó más de 16.000 casos de violencia intrafamiliar, siendo las mujeres las principales víctimas. Solo en los primeros seis meses de ese año se registraron 51 feminicidios (asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia). Estos números son solo la punta del iceberg, ya que muchos casos no se denuncian por miedo a represalias o por la falta de confianza en las autoridades. El miedo a expresarse libremente en una sociedad machista se traduce en autocensura y en la normalización de conductas de violencia y exclusión.
Las mujeres que se atreven a alzar la voz se enfrentan a amenazas, estigmatización y descalificación. Este miedo está arraigado en una cultura patriarcal que, como lo señala la socióloga María Mercedes López, se perpetúa por medio de «normas sociales que refuerzan la sumisión de las mujeres y la percepción de que su rol es secundario».
Los discursos que promueven la igualdad y los derechos de las mujeres se ven opacados por las barreras estructurales y culturales que siguen existiendo. La participación femenina en los espacios de poder sigue siendo mínima, y las oportunidades para las mujeres de acceder a un trabajo digno, libre de violencia y con una remuneración justa siguen siendo insuficientes.
Más allá de ser un asunto de derechos humanos, la igualdad de género es clave para el desarrollo económico de un país. Estudios realizados en países como Noruega y Finlandia han demostrado que la inclusión de mujeres en la fuerza laboral y puestos de liderazgo no solo mejora la calidad de vida de las personas, sino que también impulsa la productividad y el crecimiento económico.
Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) indicó que si la participación de mujeres en la economía alcanzara los mismos niveles que los hombres, el PIB global aumentaría hasta un 26 %. En el caso de Noruega, un estudio de World Economic Forum mostró que el crecimiento sostenido de su economía en las últimas décadas ha estado fuertemente relacionado con la implementación de políticas de equidad de género, incluyendo la licencia parental equitativa y la promoción de mujeres en cargos directivos.
Finlandia, por su parte, es un claro ejemplo de cómo la inclusión de mujeres en el liderazgo político y económico ha permitido mayor estabilidad y eficiencia gubernamental. Según el Índice Global de Brecha de Género 2023, Finlandia se encuentra entre los países con mayor igualdad de género, lo que ha contribuido a una fuerza laboral más eficiente, mejores condiciones de vida y un crecimiento económico más sostenible.
En contraste, Colombia aún enfrenta grandes obstáculos en este aspecto. La baja participación de mujeres en el mercado laboral limita el potencial económico del país. Según datos del DANE en 2023, solo el 52 % de las mujeres colombianas en edad de trabajar estaban activas en la economía, en comparación con el 74 % de los hombres. Esta brecha impide que Colombia aproveche plenamente su capital humano y reduce su competitividad a nivel global.
Para transformar esta realidad y permitir que las mujeres se expresen libremente sin miedo, es esencial tomar medidas claras y contundentes. Una de las soluciones más efectivas podría ser la implementación de políticas públicas que favorezcan la participación y protección de las mujeres en los ámbitos político, económico y social. Un ejemplo relevante lo encontramos en México, donde se han adoptado cuotas de género para garantizar una representación equitativa de mujeres en los espacios de poder.
En 2022, México aprobó una reforma electoral que obliga a los partidos políticos a asegurar que al menos el 30 % de sus candidaturas sean ocupadas por mujeres. Esta política ha tenido un impacto significativo: en las elecciones federales de 2018, el número de mujeres en la Cámara de Diputados alcanzó un 49 %, logrando una de las representaciones más altas de mujeres en la política mundial. Este tipo de medidas son un ejemplo claro de cómo la acción afirmativa, como las cuotas de género, puede acelerar el proceso de inclusión y representación de las mujeres en el poder político.
Además de las cuotas, es crucial fomentar campañas educativas y de sensibilización que desafíen las normas de género tradicionales y promuevan la igualdad en todos los sectores de la sociedad. La educación en derechos humanos y la equidad de género desde las primeras etapas escolares puede ayudar a desmantelar las ideas preconcebidas que perpetúan la desigualdad y la violencia. Un claro ejemplo es España, donde en 2006 se implementó la asignatura de «Educación para la Ciudadanía», que incluyó contenidos sobre igualdad de género. Un informe del Ministerio de Educación español reveló que, gracias a este tipo de programas, ha disminuido el número de jóvenes que justifican la violencia de género en el país.
Otra solución sería el fortalecimiento de las leyes contra la violencia de género, asegurando que las víctimas reciban protección inmediata y estableciendo mecanismos efectivos para sancionar a los agresores. En Argentina, la Ley Micaela, que obliga a funcionarios públicos a recibir formación de género, ha sido un paso crucial en la lucha contra la violencia machista.
La lucha por la igualdad de género en Colombia es una cuestión urgente. Según el Informe Global de Brecha de Género 2023 del Foro Económico Mundial, Colombia ocupa el puesto 87 de 146 países en igualdad de género, lo que indica que, a pesar de los avances, la brecha sigue siendo demasiado grande. Para que las mujeres colombianas puedan vivir libres de miedo y expresarse plenamente, es fundamental reformar estructuras de poder, fortalecer las políticas públicas para la igualdad de género y garantizar una representación equitativa en todos los ámbitos de la sociedad.
La igualdad de género no es solo una cuestión de derechos, sino de eficiencia, progreso y desarrollo para toda la sociedad.
Por: Valeria Soto Busi – valeriasotobusi@gmail.com
REGISTRO DE AUTORÍA GLOBAL
Cobertura informativa desarrollada por Esfera Digital. Su uso requiere atribución a la Red StreamForce 360.



